EN ESTOS TIEMPOS DE REFLEXION, SE HABRAN CONVENCIDO QUE NO CONVENCEN. . .?

Si no convencen a los de casa, menos a los de enfrente. Por lo tanto que mejor renuncien.

                                                              Por Eduardo Valencia Barrera.

Son tiempos de guardar; de recogimiento, pero, cálmense, no se aloquen, no son tiempos de guardar lana del erario en las bolsas particulares ni por aquello de recojo y miento, ¡eh!

Ta´ bien que estamos inmersos en un proceso electoral y, ante el “receso”, lo ideal debe ser el punto de análisis; de hacer un alto en el camino para ver si la estrategia Va bien; de reflexión, pero no de genuflexión política.

Ojalá los contendientes regresen a la arena político/electoral con nuevos bríos, con ánimo renovado, con claridad de ideas, bueno, con ideas, ¡plis! Porque el arranque fue de lo más fatuo. La neta, si así como estuvieron en la pre-campaña van a seguir, pues mejor que se declare desierta la elección en Zacatecas, ¿no?

No se ha mostrado nivel y mucho menos idea; puros dimes y diretes. Los contendientes deben entender que no va a aganar quien insulte más, sino quien proponga lo mejor. Empero, no lo mejor para su camarilla o sus respectivos bolsillos, sino para la colectividad.

Esperamos, todos, que el receso político/electoral sirva para que cada uno de los candidatos brille con luz propia; ideas, visión, que realmente entiendan su misión y no queden solamente en sumisión ante sus respectivos dueños políticos. ¡Ya no!

Requerimos verdaderos representantes populares y no meros títeres, tanto de la gobernadora, de su hija, de los dirigentes partidistas o de sus propios intereses. Que cada cual pinte su raya; nadie que se precie de ser un buen candidato y futuro diputado se puede prestar a complicidades, cochupos, triquiñuelas y bajezas.

No deben olvidar que ocultar una corrupción en las propias filas supone una traición al interés general. No por ganar una elección, por una diputación que dura tres años, van a arrastrar un desprestigio de por vida. ¿Verdad?

Igual y nadie los cacha, pero ¿su conciencia? ¿Su tranquilidad personal? Eso pesa y pesa mucho, incluso, más que cualquier periodicazo o reclamo ciudadano. La voz interior no se calla. De ahí que realmente se reflexione en estos tiempos, pero no para ver cómo hacen la mejor trampa, sino para ver cómo, limpiamente, convencen el mayor número de voluntades.

¿O a poco no se puede ganar una elección sin trampas? ¿Tan mal estamos? ¿Realmente nuestra política y políticos son lo suficientemente deshonestos como para tener que recurrir al viejo truco de ganar-ganar, sin importar cuánta mugre se van a echar?

Esperemos que no; esperemos que de la camada que anda en la danza, al menos uno llegue a la Legislatura federal con la frente en alto y no con un cúmulo de compromisos que no podrá pagar ni en esos tres años.

Es decisivo el escenario democrático para la política y para los políticos, a través de la existencia de unas reglas de juego que señalen los valores, principios, derechos y procedimientos.

Por ello el llamado a que reflexionen, recapaciten y se capaciten. Y, bueno, aunque la caballada esté flaca y echada, pues algo bueno tiene qué salir. Y como son tiempos de guardar, pues guarden, para siempre, sus tonterías, nimiedades, estupideces, pues.

Ojalá no olviden o no los hagan olvidar sus patrones, los dueños de sus franquicias políticas, que entre los principios sustanciales están la libertad, la igualdad y la solidaridad y entre los procedimentales, la seguridad, el pluralismo y los principios de las mayorías. ¡Reflexión, señores y señoras, no genuflexión, plis!

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