Un siglo de vida , no se resume en una página

Para una vida de 100 años un libro quizá no sería suficiente para plasmar todas las vivencias acontecidas en 100 años, aunque reseñar tanta experiencia sería toda una odisea.
Son contadas las personas que tienen el privilegio de anunciar que cumplen 100 años de vida y Don Pedro Huerta González tendrá dentro de poco ese honor.

Sobre todo cuando, durante ese siglo le tocó ser migrante, bracero, policía judicial y vivir de manera directa la hambruna que azotó al estado entre 1916 y 1917.

Además de recibir los cuerpos de los soldados muertos en la Segunda Guerra Mundial y enlistarse, por si las dudas, para ser soldado "prestado" de ese gran y lamentable evento que vivió la humanidad.

Don Pedro nació un 16 de enero de 1906, pero sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos decidieron celebrar el 6 de agosto su cumpleaños número 100.

Y es que la mayoría de su familia, incluido él, son migrantes desde hace varios años; viven en dispersas ciudades de Estados Unidos y sería difícil en esa fecha, reunirse como lo hicieron ahora.

Don Pedro vivió y disfrutó la celebración de su 100 aniversario entre el inglés y el castellano, entre las raíces arraigadas de su país y las nuevas generaciones binacionales de descendientes.

HAPPY BIRTHDAY GRAN PA’…

"Todos hemos recibido sin pedirlo el más grande don, el de la vida, sobre todo cuando es larga", dijo el párroco que ofició la misa de acción de gracias por el primer siglo de edad de don Pedro.

"Hoy sorprende y llama la atención saber que una persona llega a esta edad y es que nosotros mismos nos hemos encargado de reducir nuestro tiempo de vida." apunto el sacerdote.

Por eso consideró justo dar gracias a Dios, "por la satisfacción de ver cómo los miembros de la familia de don Pedro se van multiplicando.

"Ver cómo un tronco chiquito se va convirtiendo en un árbol frondoso".

Don Pedro procreó siete hijos, de los cuales nacieron 55 nietos, 104 biznietos y 23 tataranietos.

Por eso, "lo más importante es que él árbol dé buenos frutos, abundantes y apetitosos", agregó el párroco, al referirse a la gran familia que don Pedro logró procrear.

La parroquia de San Judas Tadeo fue testigo de la celebración eucarística por los 100 años de vida de don Pedro.

Así como fue testigo hace muchos años del bautizo de sus hijos.

TUVO UN HIJO, SEMBRÓ UN ÁRBOL Y ESCRIBIÓ UN LIBRO…

De lúcida memoria, buena vista, buen oído y extraordinaria fortaleza, don Pedro reconoce que nunca estudió. "Lo poco que sé, lo sé de memoria mía".

Pero en su mente revolotean recuerdos desde que tenía la edad de 5 años.

Nunca pisó la escuela porque lo sacaron a sembrar. Recuerda que apenas podía con el morral de semillas.

En su familia eran tres hermanos y él. Su madre murió pronto, pero menos que su padre, casi no lo conoció.

Su madre Albina González murió en 1917 y a su padre Longino Huerta lo recuerda como en un sueño.

Cuando Don Pedro era menor lo llevaron a donde estaba su padre fallecido; ese día traía puesta una "camisita rayadita". No sabe más.

Pese a que se crió huérfano, don Pedrito, como lo llaman de cariño, creció con buena suerte; "gracias a Dios nuestro señor que me ha cuidado".

Antes de la muerte de su madre él tuvo que dedicarse como el resto de sus hermanos a "puro trabajo y trabajo, en el campo y en la ciudad"; en las haciendas, como la del General López.

"Cercando potreros en Hacienda de Víboras, que está entre Huejúcar y Jerez".

Pero también tuvo tiempo de jugar. "Tanto juego que saca uno cuando está muchacho… Le sobran los juegos a uno", dice al recordar que lo que más le gustaba eran las canicas y columpiarse en los mezquites.

Pedrito conoció también la capital del estado como Villanueva, pues ahí vivió durante dos años, que fue cuando se desató una hambruna entre 1916 y 1917.

"Mucha gente murió de hambre. Yo y mi hermano íbamos al ferrocarril a pepenar maíz de la estación para pasar el día", dice sin tono lastimoso ya, sino como una más de las vivencias que le tocó presenciar.

En esa época, la gente, además del maíz, se alimentaba de quelites, verdolagas y nopales.

Aparte de la pepena del maíz, cuando vivió en la capital iba a la leña precisamente para hacer tortillas, el único alimento que probaron por varios meses. Recuerda que había puros pirules entonces.

Le tocó ser parte también de la Revolución Cristera. "Los pobres andaban hasta sin camisa, batallándole, defendiendo la causa".

En Villanueva, quien se levantó en revolución fue el Señor Cura Cabral. "Yo estaba chico y me invitaban a ir. Yo les dije, no, yo que voy a hacer".

Por aquellos años la gente vivía con necesidad pura. Por ello él y su familia se dedicaron a buscar que comer.

Primero se fueron a la capital. Luego a Colotlán, Jalisco; ahí Pedrito trabajó en lo que hubiera.

DE BRACERO

Pero llegó el programa Bracero que cambiaría su vida.

En cuanto empezaron las contrataciones él fue de los primeros en inscribirse. Eso ocurrió en 1945, justo cuando iniciaba la Guerra Mundial.

A la ciudad que más lejos llegó y por vez primera fue a Pensilvania, que se ubica a un costado de Nueva York. "Ahí ganaba yo muy buenos centavos", dice.

Vivía de la pizca del pepino, la manzana, naranja, vetabel, "toda clase de frutas".

En Estados Unidos llevó un parecido ritmo de trabajo que en Villanueva, pues tenía que levantarse a las 5:00 horas "para alcanzar el lonche. Me llevaba a los compañeros adelante al comedor, antes que se llenaran las mesas".

Pero debido a la guerra, el gobierno estadounidense les planteó a los braceros que, si de requerirse ellos se irían como soldados voluntarios a la guerra a darle honor a ese país. De hecho los sortearon.

Un buen día los federales les pidieron formarse en escuadra. Les dijeron que si iban dispuestos a darles la mano y enlistarse para la guerra.

"Nosotros íbamos a trabajar y en lo que fuera, ya habíamos ido. Decir no era una cobardía".

Pero al final no hubo necesidad, pues con la destrucción de Hiroshima y Nagasaki todo terminó; aunque sí les tocó recibir los cuerpos de los soldados caídos.

También fue de los obreros que tiraron los rieles que dieron vida al entonces más fructífero medio de transporte, el ferrocarril.

Pedrito fue bracero durante los 15 años que duró el programa. Comenta que al menos cada seis meses el gobierno les renovaba los contratos que eran muy cortos y él siempre aprovechó la oportunidad.

Y es que iban de por medio "muy buenos centavos", 250 dólares a la semana, con lo que edificó su casa en Villanueva y compró animales.

Recuerda que tuvo una casa que se cayó de vieja y no volvió a levantarla, sino que vendió el terreno.

Cuando terminó el programa para empleo de indocumentados, hacia el año de 1964, se regresó a Villanueva a labrar la tierra, para lo cual compró yuntas y desde entonces, "bendito sea Dios", ha tenido una vida próspera.

En Estados Unidos conoció, a parte de Pensilvania, las ciudades de Los Ángeles, Michigan y Arkenhome.

Ello le dio pauta para que más adelante sus hijos se convirtieran en migrantes. Actualmente radica en la ciudad de Los Ángeles, en casa de su hija María de Jesús, desde hace nueve años, casi la misma fecha en que su esposa falleció.

GRACIAS A LA VIDA…

Una vez que radicó en Villanueva fue policía judicial, de los que ayudaban al gobierno a aclarar delitos, como el abigeato, que entonces era uno de los más comunes. También fue policía de su pueblo.

Promovió la repartición de tierras cuando se distribuyó una buena parte de la Hacienda El Salto; él fungía como representante ejidal de El Jaral y benefició a 200 campesinos con el envío de documentos a México.

Durante ese lapso, de hecho, se salvó de morir, pues surgió la amenaza de que lo iban a matar "porque andaba en eso".

Entonces gobernaba el general Matías Ramos hacia el año de 1932 y "me escapé milagrosamente de morir", relata.

Un buen día estaba recargado sobre una barda y le pasó una bala por el cuello que rebotó en una piedra.

SE CASÓ

Don Pedrito contrajo nupcias a los 18 años con María del Carmen Carrillo que era una excelente esposa, que no mereció de él "ni siquiera un pellizco", pues era "muy buena mujer, muy trabajadora".

A ella la conoció en la comunidad de Tarasco, donde vivió por algún tiempo. Afirma que era la más bonita del rancho, "bonita deveras" y lo eligió a él, pues tres novios la pidieron y a él fue quien eligió.

Con ella vivió una vida muy bonita, de la cual se siente satisfecho… "Llené, (ríe), llené de trabajo, quedé bien satisfecho".

María del Refugio Hernández / IMAGEN
www.imagenzac.com.mx

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