JEREZ, México – Andrés Bermúdez, un migrante que empezó como peón de campo y llegó a millonario y alcalde de su pueblo natal en México, tiene planes grandiosos para crear empleos y llevar prosperidad a su paupérrima aldea. Pero tras un año en funciones, Bermúdez dice que está harto de la política mexicana y quiere regresar a California.
Bermúdez, que el jueves cumplirá su primer año en el cargo, dijo a The Associated Press que era consciente de las dificultades del cargo, pero no estaba preparado para lidiar con la burocracia y el vilipendio partidista.
"Primero me fui de mi pueblo porque quería darles mejor vida a mis hijos", dijo en alusión a su ida a Estados Unidos, oculto en el baúl de un coche junto con su esposa embarazada. "Esta vez abandoné a mis hijos para ayudar a mi pueblo, pero México no cambia. Yo quiero terminar el término, estos tres años, y regresar a Estados Unidos".
Habituado a dirigir su propia empresa, Bermúdez tiene problemas para trabajar con el concejo municipal. Molestó a muchos que se posesionara en una plaza de toros decorada con banderas mexicanas y estadounidenses mientras el alcalde saliente y los concejales lo aguardaban en el auditorio local.
Antes de ser alcalde, fue peón, luego contratista y finalmente inventó una máquina para plantar tomates que le valió el mote de "rey del tomate".
En el 2001 pasó a la historia al convertirse en el primer migrante residente en Estados Unidos en ser elegido alcalde de un pueblo en México.
Pero el Instituto Electoral Federal mexicano anuló la elección porque no había sido residente de Jerez _una localidad rural de 60.000 habitantes con otros 60.000 trabajando en Estados Unidos durante un año como requiere la ley.
Bermúdez ayudó a redactar una reforma constitucional para que residentes de tiempo parcial del estado de Zacatecas pudieran ser candidatos y reservando dos bancas de la legislatura estatal para migrantes. El año pasado la legislatura aprobó las enmiendas.
En sus dos campañas, Bermúdez – que no terminó el secundario se presentó como un hombre sencillo, prometió crear empleos, combatir la corrupción y ayudar a los migrantes. Su estilo directo y personalidad llamativa _viste de negro, desde el sombrero hasta las botas le ganaron el apoyo de muchos, pero una fuerte resistencia de otros.
El lunes, al dar su primer informe anual, se presentó vestido de blanco como símbolo de la transparencia.
Aunque la sala estaba atestada de partidarios que le agradecían las calles pavimentadas y las nuevas cloacas, sus manos temblaban al sostener los papeles. Seis concejales escucharon el discurso de espaldas.
"Yo vivía como rey, tenía todo lo que un ser humano puede desear, pero aquí no tengo ni el sueño completo", dijo. "A pesar de todo, yo voy a seguir luchando por mi Jerez. Pero en este momento te puedo decir que prefiero ayudar desde los Estados Unidos".
OLGA R. RODRIGUEZ
Associated Press





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