En Atolinga pocos llegan y muchos se despiden
November 23, 2003 by Jorge Cornejo
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En Atolinga pocos llegan y muchos se despiden.

Antes de llegar a Atolinga pasé por un pueblo fantasma.
Le llaman Fantasmaria y ahí se respira soledad. Los pocos habitantes que se negaron a emigrar de Fantasmaria a los Estados Unidos se han acostumbrado al
silencio.
También se han acostumbrado al repentino bullicio de los días de fiesta, como el día del hijo ausente que es cuando los emigrantes vuelven y llenan las calles de música y de nostalgias.
Atolinga y Fantasmaria o Santa María que es su verdadero nombre- son pequeños poblados del estado mexicano de
Zacatecas, un estado de emigrantes ubicado en el centro norte el país.
Según el secretario de Gobierno de Zacatecas, Tomás Torres, un tercio de la población del estado reside en la Unión Americana y el ingreso por concepto de remesas es de US$600 millones al año.
Aunque gran parte de los dólares que reciben los familiares de los emigrantes sirve para satisfacer las necesidades básicas, una proporción es destinada a remodelación de
escuelas, parques e iglesias, al mejoramiento de las comunidades a través de un programa denominado
"tres por uno".
Con el "tres por uno", cada dólar que donan los migrantes se triplica con la aportación del Estado y de la Federación.

Los clubes de zacatecanos en Estados Unidos son de los más organizados. Aportan dinero para el desarrollo de sus comunidades pero son ellos en coordinación con el sacerdote del pueblo, con el presidente municipal o con los vecinos de la
comunidad, los que deciden que obras son importantes.
Lienzos charros, parques, iglesias, cementerios y algunos caminos parecen ser la prioridad aunque los gobiernos estatal y federal no compartan en muchas ocasiones esa opinión.
Los zacatecanos que radican en los Estados Unidos quieren más transparencia en cuanto al manejo de los recursos del programa
"tres por uno, me cuenta el periodista Francisco Barradas, quien en unos días lanzará la primera edición de un periódico bilingüe y binacional especializado en temas de migración.Camino a Atolinga
Me entero de todo esto durante mi trayecto a Atolinga. Un pueblo que quería visitar desde que un Agente de la Patrulla Fronteriza a quien conocí en Calexico, California, me contó que era de ahí y que no podía volver porque a los atolinguenses no les gusta la
migra.
Llegué a Atolinga y ahí conocí a Pedro Jara, el presidente municipal.

Don Pedro conoce al Agente de la Patrulla Fronteriza de Calexico pero no quisimos hablar de él.
Hablamos del pueblo, hablamos de la emigración y nos tomamos un tequila en la cantina mientras escuchábamos en la sinfonola canciones
rancheras.
Don Pedro Jara es un hombre de unos 65 años, apenas cursó el tercero de primaria y cuando era muy joven vendía carbón en un burro.
Nadie se imaginaba que Don Pedro sería presidente municipal. No se lo imaginaba ni él.
En sus años mozos él también emigró. Fue bracero en Chicago y ahora tiene una casa muy grande en el centro del pueblo desde
donde, si se sube uno a la azotea, puede ver todo lo que pasa en Atolinga.
Don Pedro es un hombre de dichos y refranes. "Atáscate huarache ahora que hay lodo les dijo a sus compadres para que se tomaran otro
tequilita. "No que no tronabas pistolita le dijo al sacerdote del pueblo cuando éste aceptó darme una
entrevista.
Ambos, el presidente municipal y el sacerdote del pueblo me enseñaron con orgullo el atrio de la
iglesia, la obra mas reciente construida con dinero de emigrantes.
Ambos me dijeron que si se invirtiera en el campo, los jóvenes no emigrarían.
Ambos reconocieron después que aun con el desarrollo del campo y con nuevas fuentes de
empleo, los jóvenes se irían de cualquier modo a seguir a sus tíos, a sus primos a sus hermanos que radican ahora en los Estados
Unidos.

